¿Es cierto que las personas nunca cambian?

Es triste ver cómo la enorme mayoría de personas, viven hoy en día con una mentalidad aferrada a la seguridad y a la estabilidad, evitando a toda costa los cambios.

Todos los días realizan la misma rutina, comen los mismos alimentos, van al mismo trabajo (por el mismo camino de siempre) cada jornada. Frecuentan a las mismas personas y van de vacaciones siempre al mismo lugar. O hasta viven en pareja, pero casados con un perfecto desconocido o alguien que no soportan, día a día durante toda la vida, porque así lo dicta su consciencia o creencias. ¿Te suena conocido?

Podríamos atribuir dicha mentalidad y su origen en gran medida, a un sistema educativo obsoleto creado hace 200 años y pensado para amaestrar trabajadores automatizados, que intercambien sus horas de vida por salarios mínimos (que apenas les alcanzarán para llegar a fin de mes), poder subsistir, sostener a sus familias y obviamente pagar deudas al Estado y bancos. Sin jamás cuestionarse sobre sus propias creencias o convicciones (aunque en eso también influye la religión y hablaremos del tema luego).

Este círculo monótono de acciones podría considerarse como un juego, que el gran autor de bestsellers de finanzas Robert Kiyosaki, ha llamado “la carrera de la rata” y en el que está atrapada la gran mayoría de personas por ignorancia. Una masa de gente que solo gasta dinero que no tiene en cosas que no necesita para impresionar a gente que no conoce. Irónico, pero cierto.

Cuando hablamos de hacer cambios, entramos en una alta gama de posibilidades y un abanico de subtemas que podrían integrar este capítulo. Pero por ahora, sólo voy a enfocarme en los cambios a nivel personal y social.

Lo primero que debemos entender es que si nos aferrarnos a las cosas, ya sean objetos, costumbres o personas, esto significa que tenemos miedos arraigados en nuestro subconsciente, que nos generan dependencia, hacia todo aquello que nos da nuestra falsa “dosis diaria de seguridad”, casi como si se tratase de una droga.

La importancia de no aferrarse a nada radica justamente en entender que la vida está y estará siempre sujeta al cambio constante. El cambio es la base de la expansión del universo y de los seres vivos. Y en este caso, de nosotros como individuos.

Mucho se oye el dicho popular de que “las personas nunca cambian”, pero eso es totalmente ilógico, puesto que hasta la misma biología humana nos demuestra que somos cambio constante: Cambiamos cada día de piel, nacen nuevas células, crecen nuestras uñas, o nuestra misma salud cambia. Ahora… ¿Qué te hace pensar que nuestro cerebro, pensamientos, mentalidad, gustos, anhelos, preferencias y demás, tampoco cambian?

Me queda muy en claro que las personas sí cambiamos y aquellos que estén aferrados, por ejemplo, al ideal de pareja unida para toda la vida, deben de saber que no es algo imposible (aún en nuestros días). Sin embargo una relación se trata más bien de caminar uno al lado del otro sin querer influir en su personalidad o cambiarla, sino mas bien acompañándose en un proceso de cambios en conjunto, que deberán ser entendidos y aceptados por cada una de las partes. Ya que no se puede pretender que la pareja que tenemos al lado sea la misma que fue cuando nos enamoramos tiempo atrás.

A las tantas creencias limitantes mencionadas, se suman las convicciones sobre política o creencias religiosas, las cuales en cierto punto nos incumben como integrantes de una misma sociedad ordenada. Pero lamentablemente también se encargan de acortar el potencial y alcance que pudiera llegar a tener nuestro pensamiento racional propio.

Y peor aún, matan nuestra capacidad creativa y de autodescubrimiento. Por consecuencia, tienden a generar fanatismos y discriminación hacia todo aquello que no sea similar a su conjunto de creencias, creando así limitaciones en las mentes de sus adeptos para evitar que se cuestionen sus doctrinas. Otra terrible manera de no ayudarnos a los individuos a adaptarnos a los cambios.

Yo no estoy en contra de la fe ni de la participación democrática. Sin embargo siempre voy a sugerir inclinarse por el desarrollo de criterio propio y el cuestionamiento de las realidades, más aún de aquellas absolutistas. Toda creencia ortodoxa o fanatismo deben ser puestos en tela de juicio y duda.

Otra cosa que podría mencionar, es la necesidad de criticar nuestra realidad externa diciendo que “nunca cambia nada, todo sigue igual”, echándole la culpa a los demás (principalmente a los políticos), sobre lo que sucede en el país o la ciudad donde vivimos. Y esto es otro hábito ilógico sostenido por las costumbres culturales, puesto que la economía de los países es algo claramente fluctuante. Ninguna crisis durará para siempre. Países ricos se hacen pobres y países pobres se hacen ricos. Eso se puede saber recurriendo a la historia de la evolución humana.

Ya para culminar este tema, quiero hacer un pequeño llamado a tu conciencia y decirte que mires hacia afuera de ti, los cambios tecnológicos exponenciales, la velocidad con la que está cambiando el mundo. Actualmente muchos trabajos siguen desapareciendo y la inteligencia artificial seguirá mejorando para tomar puestos realizados actualmente por humanos.

Como ya puedes observar, existen hoy avances dignos de novela o película de ciencia ficción, tales como la impresión 3D de órganos humanos, ciudades vigiladas por drones y hasta carros autónomos. Quizás este sea el momento más trascendente en nuestra historia, ya que se ha tornado un tema de vital importancia el hecho de aprender a adaptarse rápidamente a los cambios. Puesto que quienes no lo hagan se someterán a la pobreza e incapacidad de progresar en tiempos súper competitivos.

La esencia del ser humano es evolucionar hacia una mejor versión de sí mismo donde haya un equilibrio entre mente, cuerpo y alma. Pero para llegar a nuestros cometidos como especie debemos saber ser flexibles y aprender las lecciones que nos traen los inevitables cambios de la vida… ¡Fluyan con la corriente mis amigos, que lo único CONSTANTE en esta vida es el CAMBIO!

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