¿Cómo hacer para que no me importe lo que piensen los demás?

Lo primero que debemos hacer, es entender los motivos inconscientes por los que nos nos afectan las opiniones ajenas.

Cuando eramos niños, no nos sabíamos valer por nosotros mismos. Dependíamos de la ayuda de los mayores para conseguir alimento o satisfacer cualquier necesidad básica que tuvieramos. Debido a esto, nuestra supervivencia estaba basada principalmente, en llamar la atención de los demás.

Al principio lo hacíamos de una manera instintiva (llorando y con gritos) y luego mejorábamos la comunicación, en la medida que ibamos aprendiendo el lenguaje hablado y viviendo la interacción con nuestros cercanos.

Mientras crecíamos, teníamos que aprender a adaptarnos a los entornos sociales y allí, comenzamos a darnos cuenta que las ideas y emociones propias, no necesariamente serían aprobadas y atendidas por los demás tan fácil y abiertamente, como lo hacían en nuestro entorno familiar. Por lo que, comenzamos a sentir la necesidad de aprobación y aceptación de los demás, para así encajar en determinados círculos o grupos.

Empezábamos así a conocer más a fondo los sentimientos de aceptación o rechazo, que a través de diferentes experiencias, generaron fuertes emociones en nosotros. Dejando así importantes improntas en nuestro cerebro subconsciente.

Con esto, podemos entender la razón por la cuál, la preocupación llega a quedar fuertemente arraigada en nuestra mente, ya que comienza a una edad donde empezamos a afirmar nuestras ideas sobre la vida, el mundo, las relaciones, etc… En fin, estabamos en pleno desarrollo y definiendo quién somos y cuáles son nuestros paradigmas.

El verdadero problema, es que ésta necesidad de aprobación de los demás, se mantiene activa en nosotros, de forma mecánica hasta nuestra adultez.

Los humanos, somos seres por naturaleza sociables, evolucionamos en círculos y grupos y buscamos encajar en ellos instintivamente. Aunque aclaro, eso no debería significar que tenemos que pensar, sentir, hablar, vestir y comportarnos como quieran los demás sólo para tener la aprobación de ellos.

Pero lamentablemente, cuando alguien se anima a romper con los esquemas e ir en contra de lo que hace la mayoría, resulta siendo fuertemente rechazado por la sociedad. Por esto, son pocas las personas que se animan a decir lo que piensan, principalmente por miedo a generar desacuerdos y a no ser aceptados.

Ahora entenderás por qué las personas no dicen realmente la verdad. De hecho, no dicen lo que están pensando, sino más bien lo que creen que el otro quiere escuchar. Es un mecanismo automático, que nos hace decir lo que “conviene” en lugar de lo que és. Y que, nos ahorra el esfuerzo de tener que confrontar a los demás con honestidad y asumir las posibles consecuencias.

Por una cuestión de imágen, muchos pudieran mostrarse «inmunes» a los ataques y juicios de los demás. Sin embargo, la verdad es que, nadie puede decirte que no le importa en absoluto la opinión ajena. Puesto que, para que alguien fuera así, tendría que vivir en aislamiento. Estar envueltos en un plano social, nos obliga a desempeñar un rol en el mismo y tendremos muchas relaciones que estarán basadas en opinión ajena.

Por lo tanto, no puedes decir que no te importa lo que opinen los demás de ti (aunque la mayoría lo haga). Y te voy a dar claros escenarios que prueban la razón por la que tampoco es posible llegar a éste extremo.

Si por ejemplo, tienes hijos, ellos aprenden de lo que observan de ti, principalmente de tus actos. Entonces, sería imposible que no te importe mucho lo que ellos piensen de ti. ¿Qué tal si hablamos de tu cónyuge o alguien que te gusta?¿Importa lo que piensa de ti? ¿Y si mencionamos a tu jefe o superiores? ¿Servirá de algo que te preocupes por tu fama dentro de la empresa? Creo que estamos de acuerdo en que, si no obtienes una buena opinión de ellos sobre ti, no lograrás mucho tampoco. O qué tal, si tú tienes tu propia empresa, ¿acaso importará tu reputación como líder de la misma? Yo creo que sí.

Como habrás notado, hay ciertas personas que sí merecen que cuides tu comportamiento y acciones para que perciban lo mejor de ti. Personas por las que vale la pena esforzarse.

Por el otro extremo, tenemos a aquellos que no piensan en otra cosa que en reconocimiento y cariño por parte de los demás (aunque fueran falsos). Y si alguien, opina algo negativo sobre ellos, pierden su paz y se llegan a deprimir. Nunca dan valor a su propio modo de pensar, porque tienen el autoestima tan baja, que sienten que no valen nada, por lo que dependen de la aprobación de los demás casi en todo lo que hacen o emprenden.

Así que, como puedes ver, no podemos irnos a los extremos, cuando se trata de cuánta importancia darle al pensamiento ajeno acerca de nosotros o nuestras acciones.

La mejor manera de que no nos importe lo que dicen los otros, es dedicándonos a hacer lo que nos apasiona, a vivir intensamente. Porque de esa forma estaremos tan ocupados, que no podremos poner atención a las críticas. Se vuelve una prioridad, el estar haciendo, creando, ejecutando. Y por éstas decisiones nuestra mente sólo gastará energía en ello, por lo que no tendrás oportunidad para preocuparte.

En mi experiencia, aprendí que, si quieres vivir una vida feliz y hacer realidad tus sueños, la mayoría de personas estarán en tu contra y muchos hasta llegarán a hablar mal de ti. Así que, lo mejor es que no te importe lo que diga la gente, hagas lo que hagas, te criticarán de todos modos.

Aquí aplica la famosa expresión ‘Ladran, Sancho, señal que cabalgamos’ utilizada para señalar que algo o alguien avanza a pesar de las críticas, los impedimentos y los problemas que se le puedan ir presentando.

Es muy importante, que recuerdes que las criticas y el desaliento, en lugar de desanimarte, deben darte la fortaleza y motivación para que trabajes más duro en obtener tus metas. Al final, cuando lo logres, sin que tú hables, ni hagas alarde sobre nada, tus resultados harán todo el ruido por ti. Y será hasta ese momento cuando comiencen a darse las lluvias de críticas positivas, pero para ese entonces… ¡Ya no te van a importar!

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